El día en que llegamos a Machu Picchu

8 de septiembre de 2018. Luego de haber caminado por poco más 2 horas siguiendo las vías del tren, en medio de un camino arbolado de grandes montañas, y con una mochila de 13 kilos, llegamos al Camping Municipal, el lugar que iba a ser nuestro hogar por los siguientes dos días.

Tras una animada reunión que tenían los habitantes de Aguas Calientes con un político de nombre César Acuña, y después de haber tenido un festín, de haber bailado un poco con una banda en vivo, y de haber escuchado la elocuencia de dicho político, nuestro nuevo hogar nos abrió un espacio para poner la carpa, al lado del río que baña las laderas de la montaña Machu Picchu.

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Acampando en las faldas de Machu Picchu

Minutos después del evento político, Luis, el encargado de cuidar el Camping Municipal, nos mostraba el asador y los baños. Amablemente, Luis accedió a regalarme unos minutos de su celular para avisar a mi familia en Colombia de nuestro éxito en la caminata.

Siendo ya unos expertos en armar carpas, hubiéramos armado nuestro refugio en menos de 5 minutos de no haber sido porque un caucho interno de una de las varillas se había roto. Tal vez la guardamos mal desde la última vez en Trujillo, o tal vez recibió muchos golpes durante nuestros viajes en bus… En fin, Diego se las ingenió para hacerle un nudito, bastante resistente debo decir, pues la carpa nos albergó sin problemas las dos noches que estuvimos acampando en Aguas Calientes -también conocido como Machu Picchu Pueblo-.machu-picchu-camping-relatos-del-movimiento

 

La vista era privilegiada. Desde nuestra carpa se lograba ver la cima de Machu Picchu y Wayna Picchu, además, estábamos durmiendo al lado del río y lejos del bullicio del pueblo; pues el Camping Municipal queda más o menos a 15 minutos a pie del pueblo.

Esa lejanía a la vez que curadora, resultó ser una dificultad cuando debíamos comer, así que fuimos una vez al pueblo y compramos todo lo que necesitábamos; frutas, pan tajado y jugo, así como los pasajes del bus que nos llevarían a la cima de Machu Picchu.

Tengo que decir que los pasajes son bastante costosos -$38 soles solo la ida-, pero reduce el tiempo de subida en 15 minutos y quedas fresco como una lechuga para hacer el recorrido de toda la ciudadela, o el camino del Intipunku.

Así, la primera noche nos otorgó un espectáculo de luciérnagas y un clima que se prestaba a pensar que el día siguiente estaría marcado por la lluvia. Me dormí rezándole al Creador para que al día siguiente pudiéramos ver la Ciudadela en todo su esplendor, y también agradeciendo por cada paso que nos había conducido hasta ese lugar.

De la calma de una caminata nocturna al alboroto de una fila interminable

Debo decirles que en el Camping Municipal de Aguas Calientes pasé una de las mejores noches de mi vida; empezando por el hecho de que ni Diego ni yo sentimos frío durante la noche, pudimos dormir como si estuviéramos sobre un colchón de plumas de un ganso que nunca existió… Si, así de exagerada fue la metáfora para que entiendan la intensidad con la que viví la experiencia de estar cumpliendo uno de mis sueños de viaje.

Nos levantamos a las 5:00 de la mañana del 9 de septiembre de 2017. Con nuestras pequeñas linternas, esas que también se pueden usar como llavero, emprendimos el camino al pueblo para tomar el bus. Caminar en la oscuridad y a campo abierto siempre me ha transportado al mundo de la imaginación… ¿y si aparece un bicho gigante en frente de nosotros y no me doy cuenta?, ¿y si me caigo en un hueco gigante que no pude ver?, ¿y si el río se crece tanto que nos lleva entre sus aguas?… Diego estaba allí para aferrarme a este mundo, así que caminamos a nuestro ritmo, disfrutando cada paso y nuestra compañía, a veces silenciosa pero íntima.

machu-picchu-pueblo-relatos-del-movimiento0Cuando entramos al pueblo, buscamos dirigirnos al punto que nos habían señalado en un mapa de papel; “detrás de la caseta donde compran el tiquete empieza la fila”- nos dijeron el día anterior. También nos habían dicho que llegáramos temprano, pues los puestos en los buses se llenan rápido, y son muchas las personas que eligen esta opción para subir.

Efectivamente, la fila era gigantesca, tanto así que por poco podía darle toda la vuelta a Aguas Calientes. Con mucha paciencia, y 1 hora y 45 minutos después, luego de varias charlas entre nosotros recordando las filas monumentales que hacíamos para entrar a nuestros conciertos en Bogotá, y después de varias charlas con otros viajeros de la fila, finalmente logramos entrar al bus. Primera victoria del día.

El camino hacia la montaña

bus-a-machu-picchu-relatos-del-movimientoEl bus encendió sus motores, y tan pronto como se llenó y luego que el asistente confirmara que todos los presentes teníamos nuestro tiquete comprado, emprendió su camino hacia la cima de Machu Picchu. Mi emoción en ese punto era incontrolable, sostenía la mano de Diego para que él me regresara a la tierra, y mientras veía como la vista se tornaba más panorámica, yo no podía dejar de agradecer.

En el camino vi muchos valientes que estaban subiendo a pie, llegamos a pensar que nosotros debíamos estar haciendo lo mismo, pero nuestra inexperiencia y el miedo a la subida tan empinada que habíamos desde nuestra carpa nos decantó por comprar el pasaje de bus.

El día estaba gris, bastante nublado y frio. Aproximadamente 15 minutos después, el bus nos deja en la entrada a la Ciudadela. El encanto que venía cultivando en la subida se pierde cuando veo un hotel al lado de la entrada, tantas personas haciendo fila para ingresar al complejo, y decenas de guías armando grupos y regateando precios.

Diego y yo creíamos que nos habíamos informado muy bien, pues claramente en la Página Oficial de turismo de Machu Picchu decía que no se podían ingresar botellas y que la visita debía ser con un guía. Ahora, les puedo decir que ambas cosas son negociables; ni es obligatorio entrar con guía y si se pueden llevar sus propias botellas –el agua en el complejo es bastante cara, una botella mediana nos costó $8 soles-. Ahora bien, debo aclarar que aunque no es obligatorio entrar con guía, sí que vale la pena, pues para los que nos gusta la historia, resulta muy interesante escucharla en el lugar en que ocurrió.

Un sueño cumplido

Luego de armar un grupo como de 15 personas, de diferentes nacionalidades, nuestra guía inicia el recorrido hacia la ciudadela. Poco a poco recobro la emoción de estar cumpliendo mi sueño, de estar pisando ese suelo, de estar viendo esas montañas… y ahí está, luego de doblar una esquina, logro ver la típica escena de postal: Machu Picchu se alza con imponencia en toda la cima de la montaña, y a la vez, en perfecto balance con su geografía.

viajar-a-machu-picchu-relatos-del-movimientoEs inexplicable el hecho de estar en ese lugar, donde muchos otros han estado antes, en el lugar del que todos hablan en sus viajes, finalmente yo estaba ahí, en las terrazas de la Ciudadela, observando de frente las ruinas del complejo, y en el fondo, completando la escena, la montaña Wuayna Picchu.

El día gris, nublado y frio poco a poco se transforma en un día despejado y soleado, tal como lo había deseado la noche anterior en mi carpa, y la luz del sol nos permite apreciar todos los pequeños detalles de la Ciudadela en cuanto caminamos por ella.

Una energía de agradecimiento y de consciencia recorre todo mi cuerpo, aunque no alcanzo a dimensionar todo lo que está pasando, intento abrir bien mis ojos para no perderme ni un segundo de ese momento. Pienso en como los Incas, con toda la tecnología de su época y con las dificultades del terreno, lograron construir semejante monumento en la cima de una montaña… Me quedo sin aliento.

Pasando por las habitaciones de hombres y mujeres trabajadores, los espacios de talleres, las terrazas para la agricultura, los salones ceremoniales y los distintos espacios para los sacerdotes y el emperador, llegamos al final del recorrido con la guía. A decir verdad, aprendimos muchas cosas que no sabíamos sobre la Cosmología Andina, pero también es cierto que el recorrido guiado no te deja mucho tiempo para analizar toda la construcción y el paisaje al detalle.

alpacas-machu-picchu-relatos-del-movimientoEl recorrido por la Ciudadela se realiza en un solo sentido, es decir, no te puedes devolver. Por fortuna, puedes entrar dos veces a la Ciudadela, y eso hicimos. Luego de colocarle el sello de Machu Picchu a nuestros Pasaportes y comprar la botella de agua más cara de todo el viaje, entramos de nuevo a la Ciudadela. Esta vez, y con todo el conocimiento adquirido, la caminamos a nuestro ritmo, incluso tuvimos tiempo para tomarnos algunas fotos.

Un sol ardiente en el Intipunku

Más tarde, cuando el sol estaba en su punto máximo, y cuando yo me había quitado los dos sacos y el gorro que llevaba encima, nos dirigimos al Intipunku; la puerta del sol. Para mi sorpresa, ya avanzados en el camino y después de mucha insistencia de mi parte, Diego me dice “no puedo seguir, ve tu”.

Movida por la curiosidad de ver como se veía Machu Picchu desde el Intipunku, hice caso a sus palabras y seguí; lo que él no sabía en ese momento es que desde el punto donde se detuvo hasta el Intipunku era muy poco lo que tocaba caminar. Yo lo supe cuando llegué a la Fortaleza; pero no tenía energía para devolverme a avisarle. Diego es tan curioso como yo, y a pesar de su agotamiento, me puse muy feliz cuando lo vi llegando al Intipunku.

La mejor recompensa de una caminata siempre será la satisfacción que te queda después de realizarla, y es mucho mejor cuando te acompaña la brisa refrescante entre los intensos rayos de sol, y una vista privilegiada de la Ciudadela.

intipunku-machu-picchu-relatos-del-movimientoLuego de un tiempo disfrutando de la vista, la tranquilidad y el buen clima del Intipunku, emprendimos nuestro retorno hacia la base de la montaña. Como normalmente lo hago en todos los lugares que visito, me despedí de Machu Picchu lentamente, muy agradecida por la experiencia vivida, y aún más intrigada por la historia de los Incas. Al salir de la Ciudadela y dar un último vistazo hacia atrás, bajamos los cientos de escalones para llegar nuevamente al camping.

Machu Picchu intenso

Siempre intento estar muy conectada con el momento presente, abrigar la mayor cantidad de sensaciones para vivirlo al máximo. La energía que se respira en ese lugar es tan aguda, que no importa la cantidad de personas que estén en el lugar, o el volumen de sus conversaciones… La energía te atrapa si te dejas llevar.

Estar en Machu Picchu, una de las 7 Maravillas del Mundo Moderno, es estar ante todo el poderío de una civilización tan avanzada y sabia como los Incas. Pensar en sus modos de vivir, en sus tradiciones, en sus creencias, en todo el conocimiento ancestral que se ha perdido y en todo lo que tuvieron que pasar para construir la Ciudadela me lleva a querer hacer algo significativo con mi vida, me lleva a querer establecer objetivos comunes con otros miembros de la sociedad para dejar una huella en el mundo, me lleva a querer trascender con mi existencia.

Con actos sencillos y cotidianos como saludar a quien está a tu lado, ayudar desinteresadamente a quien lo necesite, ser un consumidor responsable y no un consumista, o separar las basuras ayudamos a hacer de este mundo un lugar mejor.

Escenarios así deben ser preservados para el conocimiento de la Humanidad.


Si te gustó este post, no te olvides de compartirlo con tus amigos viajeros para que se inspiren juntos. Si ya has ido a Machu Picchu, cuéntame en los comentarios cómo fue tu experiencia; y si aun no has ido, cuéntame si quieres ir y cómo te prepararás para hacerlo. Recuerda que también puedes escribirme si tienes alguna pregunta ¡Abrazo grande y hasta el próximo post!

Autora del blog de viajes Relatos del Movimiento. Apasionada por las batucadas, la comida y las buenas historias. Sígueme en mi instagram @tatiana.foru

4 commentarios

  1. Leonardo
    febrero 17, 2019

    Qué genial que acamparan 🙂 Yo fui hace un año con una amiga y nos pasó lo contrario, nosotros sí subimos a pie, pero nos dio como cosa acampar (realmente mamera de llevar la carpa) hahaha, pero en ambas maneras es una experiencia inolvidable.

    Responder
    1. Tatiana Forero
      febrero 18, 2019

      ¡Leonardo!
      Unos valientes subir a pie. La verdad es que en esa época no tenía tan buen estado físico y no quería perder tiempo para llegar a la ciudadela -o eso quiero pensar para justificarme jaja-. Pero la acampada si que vale la pena.

      Responder
  2. Camila
    diciembre 19, 2019

    Hola, lindo viaje!!! Es necesario reservar en el camping municipal?

    Responder
    1. Tatiana Forero
      enero 4, 2020

      Hola, Camila.
      No es necesario. El espacio del camping es bastante amplio, entonces puedes llegar directamente.

      ¡Un saludo y gracias por leer!

      Responder

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