El Santuario de Las Lajas: Las historias detrás de un milagro arquitectónico

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El Santuario de Las Lajas, entre otros secretos, guarda la historia de dos milagros: Uno religioso, verificado por el mismo Vaticano; y otro arquitectónico, resultado del más puro ingenio criollo.

El Santuario de Las Lajas, la segunda Maravilla de Colombia, ubicado en el corregimiento Las Lajas en Ipiales, Nariño, es tanto un lugar de peregrinación y oración, así como un motivo de orgullo para los pobladores del sur del país. Este Santuario, de estilo Neogótico, sale literalmente de las entrañas de la montaña, y a pesar de las desafiantes condiciones del escenario natural que lo acoge, se ha mantenido en pie por más de 5 décadas.

En tanto tiempo de existencia, ¿cuáles son historias se esconden detrás de esta joya arquitectónica colombo-ecuatoriana? Aquí te contaré historias de fé, historias de trabajo duro e historias de unión entre pueblos hermanos, es decir, todo lo que tuvo que pasar para que Colombia tenga actualmente una de las iglesias más lindas del mundo.

  1. La historia del milagro
  2. La historia de los primeros templos
  3. La historia de Espinosa, el arquitecto empírico
  4. La historia moderna del Santuario
  5. El bonus: Cómo llegar y qué hacer

La historia de un milagro que desencadenó una obra de arquitectura

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La historia que todos cuentan sobre el origen de la construcción del Santuario relata que un día del año 1754, María Mueses de Quiñones, la india María, viajaba con su hija Rosa a Ipiales luego de visitar a su familia, quienes vivían en el caserío de Potosí. El camino las obligaba a cruzar por la ladera occidental del cerro Pastarán, que tenía una cueva donde María, en una ocasión, se había refugiado de una fuerte tormenta. Según el relato, Rosa, sordomuda de nacimiento, al cruzar cerca de la cueva habló y le dijo a su madre “Mamá, la mestiza me llama”, dando así origen a una historia de fé.

Cada vez que se recuerda el origen del Santuario, inevitablemente se llega a esta historia, pues sin los milagros hechos por Nuestra Señora del Rosario, la Virgen de Las Lajas, no habría motivo para construir un templo que la honrara -de hecho, mientras bajas las escaleras para llegar al Santuario, verás incontables placas de agradecimiento de creyentes que han recibido milagros de la Virgen-.

Independientemente si eres creyente o no, el Santuario de Las Lajas representa otro milagro, o bueno, algo muy similar a eso pero más terrenal, pues la siguiente historia nos habla de como un grupo de obreros, muchos de ellos sin estudios de ingeniería, lograron construir un templo en medio de todas las dificultades geográficas que representa el cañón del río Guáitara. Luego de una larga historia de tropiezos y fracasos, llegaremos a lo que hoy se levanta como una de las Maravillas de Colombia.

Una era de fracasos y experimentaciones

Con la historia del milagro recibido por María y Rosa recorriendo a pasos lentos el sur del país, el Fray Gabriel Villafuerte ordenó construir en el lugar del suceso un templo de madera y paja enalteciendo a la Virgen. Un par de años más tarde, el Fray Juan de Santa Gertudris, un misionero fascinado por la naturaleza, documenta en sus crónicas de viaje la existencia de un nada vistoso templo pajizo que sale de las montañas.

La naturaleza que fascinó al Fray Juan sería la misma que derrumbaría el pequeño templo pocos años después de terminada su construcción. Por ello, en 1794, el Fray Luis Herrero inauguró las obras de una segunda capilla, esta vez con ladrillo y cal, financiado por las limosnas de los lugareños, tanto colombianos como ecuatorianos. Luego de 7 años, la construcción concluyó, dejando un templo resistente de 7 metros de largo por 6 de ancho.

Una tercera fase en la construcción nos lleva a 1859, donde los arquitectos ecuatorianos Mariano Aulestia y Simón Atapuma comandaron el ensanchamiento del templo mediante la excavación de un socavón en el cerro Pastarán. Tal idea de ingeniería, intensificada por la insuficiencia tecnológica de la época, despertó la admiración de todos con justa razón. Con esta ampliación, la mayor parte del templo quedó construido dentro de la montaña, y tan solo asomándose una hermosa fachada entre las rocas del cañón.

De esto a hoy: Una joya de la arquitectura comandada por un arquitecto empírico

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De la pequeña capilla de 1859 no queda mucho al día de hoy. El 1 de enero de 1916 se inició la construcción del Santuario actual, a cargo del arquitecto nariñense Lucindo Espinosa y el ingeniero ecuatoriano Gualberto Pérez.

Lo más curioso de esta historia es que Espinosa era un autodidacta, un empírico en el oficio de la construcción. Siendo un hábil aprendiz, le bastó con su dedicación y sus años de experiencia para que el Consejo Nacional Profesional de Ingeniería le otorgará la licencia profesional para ejercer como arquitecto. Con tal reconocimiento, Espinosa fue encargado para erigir imponentes monumentos en Nariño como el Pasaje Corazón de Jesús en Pasto, el Templo de Ancuya, y por supuesto, su obra más conocida, el Santuario de Las Lajas.

Con la historia de Espinosa, todo un ejemplo del perrenque criollo, se abrió un nuevo capítulo para el Santuario. Ahora, con su imponente estilo ya no pasaba desapercibido. A los pocos se fue haciendo más popular entre los locales, los turistas y los no creyentes, hasta llegar al punto de ser elegida una de las 7 Maravillas de Colombia. Desde aquí comienza la siguiente historia.

¡La segunda Maravilla de Colombia!

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Por un concurso realizado por el diario El Tiempo en el año 2007, los colombianos eligieron los 7 puntos más representativos del país. Las Lajas quedó en segundo lugar, y cómo verás, no es para menos.

Construída al borde de un abismo, en medio del cañón del río Guáitara, cuenta con un estilo Neogótico evidenciado en el uso de arcos puntiagudos, tracerías en las ventanas, bóvedas de crucería, y una predilección por la sensación de verticalidad. Edificada con laja, un tipo de piedra gris y blanca, el Santuario alcanza una altura de 100 metros, medidos desde la base hasta el punto más alto de la torre central. Cuenta además con 27,50 metros de fondo, 15 metros de ancho, otras dos torres y grandes ventanales con vitrales.

Pero más que su bien elaborada fachada de estilo europeo, lo que vuela tu cabeza -o por lo menos lo que voló la mía- es observar que el Altar, y básicamente toda la parte posterior del Santuario, es parte de la misma roca del cerro Pastarán. Y a la vez ver, desde una vista panorámica, que el Santuario está perfectamente empalmado con el ambiente que lo alberga: se alza sobre el río, se enclava en el fondo del cañón sin tocar suelo y se eleva hasta el cielo.

¿Lo viste? El Santuario de Las Lajas es una verdadera maravilla. Ya había sido declarado Patrimonio Cultural de la Nación, pero finalmente se ha ganado el título de oro: Una maravilla en todo el sentido de la palabra. ¡Ah! Además, en 1954 la Santa Sede declaró al Santuario una Basílica Menor; y en 2015, el diario británico The Daily Telegraph la nombró «la iglesia más bonita del mundo».

Hasta aquí llegaron las historias, pero si te antojaste de ir a ver con tus propios ojos esta maravilla, en el siguiente apartado te digo cómo llegar y otras recomendaciones que te pueden interesar.

¿Cómo llegar?

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Lo primero que debes hacer es llegar a Ipiales, o por lo menos a Pasto. Desde Pasto podrás tomar un bus a Ipiales por $30.000 COP aproximadamente.

Bien, ahora que estás en Ipiales, puedes partir desde el terminal de transporte hacia Las Lajas. Puedes tomar un taxi por $2.500 COP y te dejará en la entrada del Santuario. Otra opcion es tomar un bus desde la plaza Policarpa por $1.200 COP y descender en la parada Cofradía; desde allí, podrás descender la montaña hasta el Santuario por 10 minutos o tomar el teleférico por $10.000 COP solo el descenso -la ventaja de este último es que, además de ahorrarte tiempo y energía, te dará una vista única de la ubicación del Santuario-.

La entrada es gratuita, y en los alrededores hay decenas de puestos de comida y souvenirs. Además de ver el Santuario, puedes visitar el museo dedicado a la historia del mismo por un costo de $3.000 COP; o también puedes cruzar el puente y descender por un camino natural que va por la ribera del Guáitara. ¡Disfrutarás de una vista como la de la foto!

Como anotación final te recomiendo llevar abrigo y un calzado cómodo.


El Santuario de Las Lajas guarda cientos de historias más que las que se contaron aquí, por eso, te invito a escribir la tuya en los comentarios si es que ya visitaste esta maravilla. Y si aun no has ido, ¿cuándo vas a programar el viaje? Escríbeme si tienes dudas sobre el destino.

Autora del blog de viajes Relatos del Movimiento. Apasionada por las batucadas, la comida y las buenas historias. Sígueme en mi instagram @tatiana.foru

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