El día #1: Saliendo de Bogotá, pasando por Cali, llegando a Ipiales

En el relato anterior…

Te conté sobre lo que nos motivó a Diego y a mí a armar nuestras mochilas y, con ellas, buscar cruzar Suramérica desde Bogotá hasta Santiago de Chile. Si aún no lo has leído, te recomiendo empezar por aquí.

Día # 1 del viaje: Pensamientos al abordar el primer bus

Bien, recordemos ese 14 de agosto de 2017 donde, con toda la emoción que se puede sentir al cumplir un sueño tan grande, estábamos Diego y yo en el Terminal de Transportes de Bogotá, esperando a abordar ese primer bus que, en 10 horas, nos llevaría a recorrer la primera ruta de este viaje.

Este viaje que habíamos planeado con unas semanas de anticipación se hizo real en cuanto el bus encendió sus motores, y lentamente, salíamos del Terminal en dirección al sur del país. La felicidad, la satisfacción y, lógicamente, la ansiedad hicieron presencia en esa mañana fría y nublada, típica de Bogotá.

No sé si era por el tráfico, el conductor, o simplemente mi estado de conmoción, pero todos mis recuerdos de esa mañana los veo en cámara lenta. A ver, imagina lo siguiente; tienes un sueño escondido por muchos años, y en menos de lo que imaginas, estás cumpliéndolo a paso lento… Tenía que saborear ese momento para grabarlo en mi memoria, tal como te lo estoy contando ahora.

Bien, lentamente fuimos dejando la ciudad capitalina, y entrábamos en un paisaje que ya he visto muchas veces. Apenas se sale de Bogotá, el verde se extiende en todo el panorama, solo que esta vez, se veía más intenso por la agitación del momento que estábamos viviendo.

Antes de caer en un sueño, literalmente hablando, tuve tiempo de pensar en cientos de cosas a la vez: en lo que podría pasar durante el viaje, en lo que veríamos, lo que viviríamos… Mejor dicho, me gocé cada instante de ese momento en que iba viviendo el primer recorrido que nos llevaría del hogar a lo desconocido, un kilómetro a la vez.

Pero al final, caí en el sueño

Siempre que viajo me gustaría quedarme más tiempo despierta. Yo no sé si a ti te pasa, pero el movimiento de los medios de transporte, especialmente el de los buses, actúa como un somnífero en mí.

Y aunque debo decir que ese primer bus no fue el más cómodo en el que viajamos, sumado el hecho que, por ser novata, aún no encontraba la posición ideal para acomodarme en ese transporte, tengo la bendición -o el castigo- de poder dormirme en cualquier lugar, a pesar de que no quiera.

Ah, y para los curiosos, el primer tramo lo hicimos con la compañía Bolivariano -costó $77.000 COP-, y compramos el pasaje en Pinbus.com. No tuvimos ningún problema burocrático, más bien problemas de incomodidad como te conté más arriba.

“Cali pachanguero”

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Bueno, al cabo de 10 horas, e infelizmente, sin notar todos los paisajes que atravesamos, finalmente llegamos a la Sucursal del Cielo, la Capital de la Salsa, del cholao y la lulada, la del barrio Obrero donde, según la canción, uno se vuelve rumbero, la muy noble y muy leal Cali.


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Cali nos recibe muy calurosa, pues para un rolo –un bogotano de pura cepa-, lo que pase de 14°C ya es tierra caliente. Yo aún estaba despertando del sueño, tanto el real que tuve durante una parte del recorrido, como el metafórico de estar viajando, pero rápidamente cogimos las mochilas y dijimos ¿Ahora qué?

No sé por qué no planeamos una lista de imperdibles para conocer Cali en 8 horas, pero ahí estábamos sin saber que hacer durante el tiempo que debíamos esperar para abordar nuestro próximo bus.

En fin, decidimos dejar las mochilas en el Terminal de Transportes y salir a explorar al estilo libre. En 2016, mi hermana y yo habíamos visitado esta ciudad, por lo que yo conocía algunos de sus mejores puntos. Sin embargo, no recordé ni cómo llegar ni dónde quedaban, entonces seguimos nuestro instinto.

Cali en 8 horas: Nuestra experiencia

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Día 1 Bogotá-Cali-Ipiales 🇨🇴 Una parada rápida pero alcanzó para probar el tradicional #champus valluno … #viajandoporsuramerica

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Ahora que escribo esto y miro en retrospectiva lo que nosotros hicimos en esas 8 horas, creo que tengo unos excelentes consejos que compartir contigo sobre cómo aprovechar mejor tu tiempo.

Bueno, antes de los consejos, quiero compartir contigo rápidamente lo que nosotros hicimos. Primero lo primero, buscamos algo de comer. Un corrientazo sació nuestra hambre, y de ahí, partimos en el Mio -el nombre de la compañía que opera el transporte público- al Estadio Pascual Guerrero. Caminamos en los alrededores, e hicimos la típica de los viajeros, nos metimos entre calles a ver dónde salíamos o qué lugar nos sorprendería.

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Pasando entre las clásicas iglesias -que por Latinoamérica abundan-, casas y tiendas, vimos cerca un restaurante donde vendían los deliciosos aborrajados y marranitas ¿Cómo perder el chance de probar los auténticos y originales? Comimos un par de esas delicias –a mí que me encanta el plátano maduro-, y la rematamos con un típico champús, que tiene un gusto al que aún no me acostumbro –ya en 2016 lo había probado, en este viaje le quise dar una segunda oportunidad, pero sigo firme en mi desagrado-.

Para terminar el día, antes de ir al Terminal, hicimos nuestro propio tour tomando el Mio y yendo de un lado al otro sin rumbo fijo, solo para conocer la ciudad y estar de cerca con los caleños. De hecho, fue curioso que uno de los artistas que se suben al transporte público a improvisar, nos tomara como inspiración. Te contaría lo que nos cantó, pero no lo recuerdo.

Cali en 8 horas: Mis recomendaciones

Bien, luego de leer nuestra gran experiencia -sarcasmo-, quiero recomendarte los imperdibles para visitar en Cali si tienes tan solo 8 horas en la ciudad. Estos puntos son los más representativos de la ciudad, y los incluyo en esta lista teniendo en cuenta lo que mis amigos caleños recomiendan y mi experiencia del 2016.

A continuación te dejo el mapa de la ruta que te recomiendo, y haciendo clic aquí, irás a una breve guía que escribí donde te cuento un poco más sobre cada lugar.

Esperando el segundo bus

A las 10 de la noche, Diego y yo estábamos rendidos. Habíamos salido esa misma mañana muy temprano, y luego de soportar el sol de Cali, y de haber caminado por la ciudad por horas, solo queríamos descansar un poco.

Estábamos esperando a que fueran las 11:30 p.m. para abordar el segundo bus. Compramos los pasajes con la compañía Transipiales a un precio de $40.000 cada uno. En el terminal veíamos viajeros de todo tipo: familias, solitarios, otros grupos de mochileros. En cuanto la hora se acercó, fuimos al counter; esta vez, estaríamos viajando en el bus por más de 8 horas.

Por fortuna, cuando entramos al bus, nos entregaron un refrigerio, y recuerdo muy bien que era un jugo y un ponqué Gala  –Ramo patrocíname-. Nos sentamos en nuestros asientos, y tampoco sé si era por el cansancio, mi don de dormilona, o la verdadera comodidad de los puestos, que logré encontrar rápidamente la posición perfecta para estar cómoda y descansar.

Al final, era más fácil dormir sabiendo que todo estaría oscuro y que al día siguiente nos esperaría una de las Maravillas de Colombia: el Santuario de Las Lajas.

Luego de esta última parada, cruzamos nuestra primera frontera y llegamos al Ecuador. Nuestro redescubrimiento de Los Andes oficialmente comenzó.


Sigue la aventura: Otavalo, ciudad ancestral.


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Autora del blog de viajes Relatos del Movimiento. Apasionada por las batucadas, la comida y las buenas historias. Sígueme en mi instagram @tatiana.foru

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