LAS LAGUNAS DE HUARAZ: PARAÍSOS EN LA TIERRA

Huaraz, un paraíso en tierras peruanas

30 de agosto de 2017. Un viento helado se colaba entre el abrigo que llevaba puesto y casi que me congelaba los huesos. Eran las 5 de la mañana y nuestro bus acababa de llegar a Huaraz, un pequeño pueblo rodeado de montañas nevadas y lagunas de color turquesa en el departamento de Áncash. ¿Acaso habíamos llegado al paraíso?


Lee el capítulo anterior. Trujillo: huacas de día, pasajes de noche. Parte 2.


En búsqueda de una morada

En medio de un frío al que era difícil acostumbrarse, salimos del pequeño y nada cómodo terminal para buscar un hostal, pues poner nuestra carpa en medio de ese clima no era una opción luego de lo que pasamos en Otavalo. Sin embargo nuestra búsqueda comenzó deambulando entre calles vacías con comercios cerrados. ¿A qué horas se despiertan aquí?, pensaba.

La inocente y siempre bienvenida compañía canina nos ayudó a darle diversión a una búsqueda infructuosa, que se extendió por horas hasta que regresamos al terminal y hablamos con una persona que ofrecía un alojamiento no muy cerca de allí. Nos paso una tarjeta con una dirección que, por obvias razones, no sabíamos ubicar. Así que tomamos un taxi para que nos llevara hasta allá.

Entre recovecos que nos consiguieron perder aún más, el taxi nos dejó en un lugar demasiado apartado de todo. Decidimos, entonces, que no era la mejor opción para quedarse, pues siempre tendríamos que pedir taxi o salir con mucho tiempo de antelación para ir del centro al hotel.

Así que regresamos al centro, que finalmente había despertado. Allí preguntamos en varios hostales y dimos con uno que ofrecía una habitación básica. Frustrados por andar de hostal en hostal, decidimos quedarnos allí y comenzar la aventura de una vez por todas.

Yungay y las lagunas de Llanganuco

Lagunas Llanganuco

Lo primero que hicimos luego de descargar las mochilas fue buscar qué hacer en Huaraz. Evidentemente era un lugar de aventura. Así pues, si en Trujillo teníamos contacto con la historia, en Huaraz la naturaleza era la protagonista.


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No caminamos mucho cuando ya sabíamos qué hacer: visitar una de las lagunas turquesa que tanto aparecen en las fotografías de las agencias. En un parpadeo, ya estábamos en un taxi compartido con otra pareja camino a Yungay, el punto de partida para ir al Parque Huascarán. Sin embargo, lo que más recuerdo de esa primera ruta fueron unas ruinas que, inmediatamente, llamaron mi atención.

El terremoto de Áncash

La entrada al Campo Santo de Yungay

Resulta que en 1970, un terremoto de 7,9 de Magnitud de Momento, con epicentro en el Océano Pacífico, sacudió el norte peruano en el que es considerado el sismo más destructivo de la historia del país. De los departamentos afectados, entre los que están La Libertad, Lima y Huánuco, el área conocida como el Callejón de las Huaylas, en el departamento de Áncash, fue el más perjudicado.

Por causa del terremoto, un alud provocado por el desprendimiento del pico norte del nevado Huascarán sepultó las ciudades de Yungay y Ranrahirca. Huaraz, por su parte, quedó destruida casi en su totalidad y permaneció cubierta de un polvo negro por días. En total, 25.000 seres humanos perdieron la vida en esta tragedia.

Hoy se erige un Campo Santo en la ubicación del antiguo Yungay y los pocos sobrevivientes fundaron una nueva ciudad a 1 km de ahí.

Las lagunas Chinancocha y Orconcocha

Luego de pasar por las ruinas de Yungay, la ruta nos llevó a la entrada del Parque Huascarán, dejándonos ver una increíble laguna de un color imposible que mis ojos no podrían creer. Se trataba de la laguna Chinancocha, una de las dos lagunas de Llanganuco.

Aquí, la vegetación crece abundante, protegida por altas montañas entre las que se encuentra el mismísimo Huascarán, la montaña más alta del Perú y la segunda montaña más alta del mundo desde el centro de la tierra después del Chimborazo, en Ecuador.

Una llama en la laguna

Hablar de la laguna Chinancocha es una historia aparte. Su nombre en quechua traduce Laguna Hembra y su color de tonos verdosos están dados por el agua glaciar que reciben desde la llamada Cordillera Blanca. ¡Es que me quedo sin palabras frente a la majestuosidad natural!

Recorrimos la laguna Chinancocha observando con cuidado cada detalle de semejante escenario. ¡Yo nunca había visto algo así! Y el cuadro se completó cuando, en nuestro recorrido, una llama apareció de la nada y nos acompañó hasta divisar la laguna Orconcocha -Laguna Macho, en quechua-.

Llama

Lagunas Llanganuco

Diego y yo en Huaraz

Un día de caminata en la laguna Wilcacocha

Laguna Wilcacocha

Si el día anterior estuvimos en la Cordillera Blanca, el día siguiente le correspondía a la Cordillera Negra. Por recomendación de unas personas del hostal, decidimos visitar la laguna Wilcacocha, siempre con la expectativa de que lo mejor va a pasar. ¡No nos decepcionaríamos!

Entonces, desde Huaraz tomamos un micro con dirección a Santa Clara. Nos habían dicho que la parada era en el puente que pasa sobre le río Santa. Así se lo dijimos al conductor y él nos dejó en ese lugar, el punto de partida para la subida.

Aunque nos dijeron que el recorrido era fácil, por alguna razón que desconozco -por no atribuirlo a mi falta de acondicionamiento físico-, la subida fue eterna. Sin embargo, en retrospectiva, agradezco que haya sido así, pues las veces que paramos pudimos observar cómo los locales vivían en esa empinada ladera, cultivaban y criaban a sus animales y disfrutaban un estilo de vida sencillo.

De hecho, en una de las paradas tuvimos la oportunidad de charlar con una señora muy amable, que en pocos minutos me enseñó que la vida es simple, pero somos nosotros quienes la enredamos con vanidades que, aun hoy, estoy aprendiendo a dejar ir.

Cordillera Blanca, Perú

La vista desde la laguna Wilcacocha -Laguna del Nieto, en quechua- le quita el aliento a cualquiera. La imponente Cordillera Blanca se asoma en todo el panorama y las aves se posan sobre la totora de la laguna, pues solo están ellas, unos perritos a los que estamos alimentando y nosotros en esta tarde mágica.

Diego en la laguna Wilcacocha

Para eso viajo, para desaprender viejas costumbres que no llevan a nada, para charlar con desconocidos sobre la vida, para sentir que más allá de mi realidad, hay personas que viven de formas distintas, para sentirme llena de gratitud.


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Autora del blog de viajes Relatos del Movimiento. Apasionada por las batucadas, la comida y las buenas historias. Sígueme en mi instagram @tatiana.foru

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