¡LLEGAMOS LA CAPITAL PERUANA!

Lima, capital peruana

01 de septiembre de 2017. Dos capitalinos colombianos regresan a su ambiente natural, la ciudad, solo que entre «causas» de acento diferente, a 2.880 kilómetros de casa. Y sí, aunque por el hecho de haber nacido y crecido en la ciudad naturalmente me siento más acostumbrada a pasear entre edificios, escuchando como telón de fondo el bullicio de los carros, buses y comercio ambulante, Lima, la capital peruana, nos escondía un par de ases bajo la manga.


¿No has leído el relato anterior? Huaraz: paraíso terrenal.


Un viaje infinitoViajando a Lima

Ignoro en qué momento decidimos hacer un trayecto tan largo de día para cruzar el desierto peruano con el objetivo de conectar Huaraz con Lima. Acostumbrados a hacer estos recorridos de noche, tal como lo hicimos el día 1 de esta aventura, pasar horas y horas en un bus que parecía nunca llegar a su destino no fue una de las mejores experiencias que tuvimos.

Aún más deprimente fue el hecho de ignorar que al pedir una causa peruana en el único restaurante donde nos detuvimos nos llegaría un pequeño cuadrado de puré de papa, innegablemente delicioso, pero insuficiente para saciar un gran apetito heredado de mi familia paterna.

Con el estómago medio lleno, o medio vacío, retomamos la ruta panamericana por toda la costa peruana, sin ver señal de la metrópolis más grande del Perú. ¿Cuánto más puede faltar en este viaje que ya completa 4 horas? ¡Paciencia! Más tiempo de practicar mis extrañas posiciones para conciliar el sueño, que en verdad no me cuesta… Pies arriba, cuello al nivel de los hombros, ¡la boca infructuosamente cerrada!

4 horas más y habíamos llegado, al fin.

La extraña visita al mercado de brujas

Mercado de brujas en Lima

Luego de pasar nuestra primera noche en un hotel que nos espantó más por la despectiva actitud de nuestra anfitriona que por las comodidades, salimos corriendo de ese lugar escasamente empático con el viajero y, por alguna aplicación de hostales, encontramos una habitación en la casa de un guía turístico.

Al dar las primeras pisadas de día sobre el concreto limeño, emprendimos nuestro camino a algún barrio periférico cuyo nombre quisiera, en verdad, quisiera recordar. Nuestro anfitrión nos invitó a visitar un lugar de fantasía y misticismo. Bueno, ¿cómo íbamos a rechazar este cordial ofrecimiento?

A bordo de su carro, que tenía los espejos asegurados con cadenas a las puertas delanteras, y en compañía de un cuy de peluche vestido con un poncho estampado con la marca país del Perú, nuestro anfitrión nos llevó por entramadas calles que poco a poco se iban llenando de personas con puestos callejeros, médicos chamánicos y lenguas que se nos hacían extrañas.

Tuve que aclarar mi vista varias veces para intentar entender qué era lo que estaba viendo.

Nuestros pasos nos llevaron entre pociones de fertilidad hechas con maca negra, juguito de sapo, embrujos para enamorados, remedios para el mal de ojo, chicha reenvasada en botellas plásticas de Coca Cola, pieles de serpiente, llamas disecadas… Ya me van entendiendo.

La energía del lugar era densa, y yo estaba llegando al punto de la conmoción. Tanto embrujo, tanto jugo de sapo y tanto ritual con reptiles me estaba mareando… Ya quería salir.

Amor entre parques y plazas

La costa de Lima, Perú

Dejando atrás el escenario surreal del mercado y a nuestro anfitrión, en un intento de recomponerme del embate emocional de ese ambiente, nos fuimos a hacer lo que mejor sabemos hacer: perdernos entre las calles del casco antiguo de Lima.

El recorrido me regresó a un plano terrenal a la vez que descubríamos una ciudad de cuidada arquitectura. Edificios coloniales y huacas como las que vimos en Trujillo, pasadizos coloridos, grandes murales que rescatan el pasado. Los limeños son trabajadores y en sus rostros brilla una sonrisa orgullosa que favorece su tradición.


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Viniendo de una caótica ciudad como Bogotá, encontramos cierta familiaridad en las calles de Lima excepto por la magnitud de sus edificios y un detalle imposible de ignorar: la costa Pacífica. Además de ser la única capital de Suramérica que tiene mar, la ciudad de Lima tiene unas vistas privilegiadas del imponente océano que se pintó de color azul grisáceo en un día típico de la ciudad, nublado y gris, como los de mi ambivalente Bacatá.

Beso en la Plaza del Beso

Poco a poco la noche nos iba alcanzando para dar fin a un día de aprendizajes alternativos. En definitiva se puede pasar una larga vida sin aprender nada, o aprender todo en un solo día. Concluimos la tarde con un atardecer oculto tras las nubes, y sin planearlo, llegamos a la Plaza del Amor con los últimos rayos del sol, fundidos en un sentimiento de cariño y agradecimiento de tenernos el uno al otro precisamente en ese momento y precisamente en ese lugar.

Fiesta en la iglesia y la feria de la fortuna

Tinku en Lima

La capital peruana nos hacía vivir el presente con tal intensidad que un par de días parecían semanas. Las ventajas de una vida en movimiento, supongo. Esa mañana del 3 de septiembre salimos a caminar, como acostumbramos, sin rumbo fijo. Y es que dejar espacio a las serendipias de la vida puede convertir un día común en una fiesta.

Así ocurrió ese día, cuando caminando por alguna de las innumerables iglesias de la capital nos encontramos de frente con decenas de bailarines vestidos con coloridos trajes, danzando enérgicamente al marcado ritmo del tambor y la flauta peruana. Sería la primera vez que veríamos bailar el tinku.

Tinku en Lima, Perú

Sin saber de qué se trataba, como estaba siendo usual en esta aventura, entramos a la fiesta para abandonar la mente y vivir en el cuerpo. El sonido de la música peruana inundaba mis fibras y me hizo entender que cada paso que di me llevó ese preciso momento.

Y como a quien no quiere caldo se le dan dos tazas, seguimos nuestro recorrido por algún parque para terminar en medio de la feria de la fortuna, lugar donde querían curar sustos con huevo, leer la suerte en hojas de coca, hacer baños de florecimiento o realizar ofrendas a la Pacha Mama con fetos de vicuña y llama. Los azares de la ruta.

El sánguche de despedida

Sánguche de despedida

Como despedida y en honor a nuestro viaje en Lima, quisimos darnos un verdadero festín. Desde hace días una sanduchería nos hacía ojitos y finalmente, caímos en la tentación una noche antes de partir. «Dos sánguches y dos Inca Colas, por favor». Esto nos bastó esa noche para disfrutar de la afamada gastronomía peruana, claro, en su versión popular, e irnos a dormir con una sonrisa en el resto.

«Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias….»

– Alejandría Constantino Cavafis.

Sin pedirlo, así como el poema de Cavafis resultó nuestro viaje por la capital peruana. Y si esto ocurrió en la gran urbe, ¿qué más nos puede deparar este periplo?


Continúa leyendo el siguiente relato: Las pinceladas de Paracas e Ica.


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Autora del blog de viajes Relatos del Movimiento. Apasionada por las batucadas, la comida y las buenas historias. Sígueme en mi instagram @tatiana.foru

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