LAS PINCELADAS DE PARACAS + ICA Y EL VIAJE IMPOSIBLE A CUSCO

5 de septiembre de 2017. 3:30 a.m. Hemos estado toda la noche en el terminal de transportes de Lima. Diego ya cayó en una de estas incómodas sillas plásticas y yo, mientras tanto, veo algún reality show peruano del que no recuerdo el nombre ni la trama. Faltan pocos minutos para abordar el siguiente bus, el número 15 de este periplo andino. Creo escuchar las aves marinas… creo que necesito dormir un poco.


Si no has leído el relato anterior, aquí te lo dejo: ¡Llegamos a la capital peruana!


Los preparativos de la aventura

El muelle de Paracas

Y dormí, sí, al menos las 4 horas que duró el viaje. El suave contoneo del bus acariciando la ruta costera que conecta Lima con Paracas actuó como poderoso somnífero y cumplió su cometido: llevarnos a buen destino.

A decir verdad, llegar a Paracas nunca estuvo dentro de los bocetos de viaje con los que salimos de casa. Nosotros queríamos llegar a Cusco cuanto antes, pero tras la insistencia de nuestro anfitrión en Lima -sí, el mismo que nos llevó al mercado de brujas- decidimos desviar y descubrir qué sorpresas tenía preparada la ruta para nosotros.

La mañana en Paracas, en contraste con la soledad que encontramos en Huaraz, era agitada a causa de turistas que deseaban con ansias sospechosas embarcarse en alguna lancha. Nosotros, ignorando planes, nos dejamos llevar hasta dar con una agencia un poco alejada. Tranquilos los guías sostuvieron nuestras mochilas, nos explicaron el recorrido y, en menos de lo que tardamos en decir «guano», ya estábamos en camino al mar.

Los animalescos habitantes de las Islas Ballestas

Las Islas Ballestas | Paracas

Rompiendo las olas velozmente, nuestra lancha vestida de corcel nos estaba acercando al guanesco hogar de criaturas fantásticas. En mi vida había visto pingüinos, lobos marinos y parihuanas, y de repente, allí estaban todos, enajenando mis pensamientos para darme, una vez más, un momento cúspide del viajero.

Por fortuna, no han son pocas las veces en que he sentido que estoy en el lugar en que debo estar. La naturaleza, sabia por vieja, sabe ponernos en los lugares precisos para borrar cualquier cuestionamiento o duda sobre la vida y su propósito.

En este momento, al ver las pinceladas que componen esos acantilados rojizos sobre los que descansan los lobos marinos, estoy convencida de que la razón de la vida tiene mucho que ver con el sentir.

Sentir alegría, sentir gratitud, sentir magnificencia.

Al ver estos animales ser fieles a lo que les dicta el instinto, sin cadenas ni ataduras, me anego en felicidad rotunda. Pacha Mama, en formas que no consigo descifrar, me muestra mi lugar en el cosmos, un pequeño fragmento de polvo de estrellas entre la inmensidad de lo natural.Pelicanos en las Islas Ballestas

Parihuanas en las Islas Ballestas

Lobos marinos en las Islas Ballestas | Paracas

La odisea en Huancachina

En el oasis de Huancachina

Si hace 1 hora estaba extasiada con lo natural en Paracas, tiempo después estaba despotricando de mi propia naturaleza. Mi problema con la gastritis se remonta años atrás y cuando ataca, no hay ranitidina que me salve. Pero, ¿qué tanto me podía quejar teniendo al frente la vista de una pintura como el Oasis de Huancachina?

A falta de un carro tenemos un par de piernas decididas a llegar a la cima de las dunas. Dejamos nuestras mochilas grandes en la base, bien protegidas por un arbusto, confiando en que nadie querría llevarse un montón de ropa sucia.

Conquistada la cima, me di cuenta de que en realidad la fantástica pintura del Oasis se convierte casi en un feo matacho por las construcciones aledañas al lago… nuevamente, la acción humana decepciona.

En fin, la vida continúa y yo estaba viviendo mi propia odisea entre una combinación de dolor y hambre. Sin más, nos dirigimos a Ica para analizar nuestras opciones. Con la expectativa de un partido clasificatorio al mundial de Brasil 2018, los trabajadores de la terminal de transportes nos vendieron dos pasajes a Cusco para las 9:00 p.m.

Serían las 6:30, aproximadamente, cuando nos quedamos sin plan. Pero vaya que estamos acostumbrados a eso o quizás, simplemente, lo preferimos así.

La ruta imposible de 17 horas: llegando a Cusco

Llegamos a Cusco

Toda luz produce sombra y la mía había llegado en el preciso momento en que pise el primer escalón para subir al bus que nos llevaría a Cusco. ¡Por Dios! El que probablemente sea el viaje más agónico de mi vida había comenzado.

Gastristis, soroche por la altura que estábamos alcanzando -y eso es bastante decir pues nuestra natal Bogotá está a 2.600 m.s.n.m- y algo de náuseas por unas flautas que había comido el día anterior me hicieron vivir un viaje de pesadilla.

Un recorrido de 17 horas en el que la pasé mal 16 horas, pues la hora restante, he de confesar, logré caer en el vaivén de las curvas.

Claro, y es que pasar de la costa a los 3.399 m.s.n.m en una noche fue un buen golpe para mi cuerpo, y quizás un poco para mi ánimo. Pero bueno, ¿qué es de la vida sin algo de sal?

Luego de esta travesía, llegamos a Cusco a la 1:54 p.m del 6 de septiembre. La mítica ciudad de reyes, donde más de un viajero perdido se ha encontrado, ahora nos cobija entre sus calles en cuanto buscamos algún techo donde reposar y, finalmente, recobrar energías físicas y espirituales. Bueno, hablo por mí.

¿Será que la agonía del viaje marcaría un nuevo comienzo para mí, entre el entorno cósmico de la antigua ciudad imperial? ¡Qué la ruta lo dicte!


¿Ya has visitado Paracas o Ica?, ¿qué te pareció? ¡Quiero leer tus experiencias. ¡Recuerda que tengo Facebook e Instagram y puedes seguir allí la aventura!

Autora del blog de viajes Relatos del Movimiento. Apasionada por las batucadas, la comida y las buenas historias. Sígueme en mi instagram @tatiana.foru

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *