TRUJILLO: HUACAS DE DÍA Y PASAJES DE NOCHE | Parte 1

Relatos de viaje por Trujillo, Perú.

28 de agosto de 2017. Perú nos recibió en la colonial Trujillo y para unos amantes de la historia, cómo nosotros, el viaje no podía empezar en un mejor lugar. Trujillo guarda constricciones bien preservadas desde los tiempos antes de Colón y los que vinieron después él. La pregunta entonces era ¿por dónde empezar?


Lee el capítulo anterior: Conectando Guayaquil y Trujillo en bus.


Las primeras impresiones de Perú

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Las primeras impresiones son algo curioso. Por una vez y en cuestiones de segundos nos formamos toda una serie de ideas e historias sobre lo que no conocemos.

Así fue cuando llegamos a Perú y arribamos en Trujillo.

Ya les había contado que cuando me imaginaba este país poco pensaba en que se viera así de desértico y solitario. Las primeras calles que conocimos de Trujillo no eran muy diferentes: grandes avenidas solitarias y llenas de arena a las 4 p.m.

Caminamos sin certeza de nuestro rumbo final, buscando algún lugar donde pudiéramos descansar y, finalmente, tomar una ducha después de un par de días sin poder hacerlo. No encontramos más que un hotel en una calle olvidada.

Debo decir que la habitación estaba mucho mejor de lo que esperaba. Una cama suave y limpia que, junto al baño que se podía usar cómodamente, nos permitieron al día siguiente ver la ciudad con más claridad.

Si, las calles estaban extrañamente empolvadas pero nos explicaron que hacía pocos meses, un terremoto había causado que el mar y sus arenas llegaran hasta las calles de la ciudad, causando muchos estragos materiales.

Un poco más seguros de saber que lo que veíamos era la excepción y no la regla, abandonamos nuestro hogar provisional y nos dirigimos en micro hasta el centro histórico, mochilas al hombro. La aventura comienza.

El centro histórico de Trujillo

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Luego de entrar al cuadriculado entramado de calles del centro histórico, cercadas por la Avenida España que, como un remanente del pasado sigue el rastro de la antigua Muralla de Trujillo, la pintura cambió completamente.

De una ciudad arenosa y medio solitaria, pasamos a calles vivas, activas y llenas de comercio. Las dinámicas de los trujillanos solo hacían que los coloridos edificios de estilo colonial y republicano se vieran más vibrantes, cómo quien está ansioso de contar un secreto.

Y no es para menos, pues es que en esas calles que ahora nosotros caminábamos, se gestaron importantes sucesos que desencadenaron la independencia del Perú.

Por eso, la provincia La Libertad, cuya capital es esta ciudad, recibe su nombre. Por eso, cada paso que nos abría camino hacia la plaza era como tomar un libro viejo de historia que nos mostraba que las condiciones del presente son resultado de nuestras luchas y conquistas pasadas.

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Nuestro recorrido por el Centro Histórico no duró mucho cuando, evidentemente por las enormes mochilas que cargábamos a las espaldas, un promotor se dio cuenta que no éramos de allí.

Escépticos como somos con los tours, al principio hicimos caso omiso a su insistente discurso de querer vendernos un recorrido.

Sin embargo, ya saben que antes del viaje habíamos hecho poca investigación, más para dejarnos sorprender por el destino que por cumplir una checklist. Sin embargo, cuando el promotor nos contó de los Mochica y los Chimú, en cuestión de minutos logró endulzarnos el oído.

Decidimos salir del centro histórico pero no del libro viviente de la historia que es Trujillo. Ya verán por qué.


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Conociendo los Mochica y los Chimú: los más duros antes de los Incas.

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Resulta que en tiempos anteriores a los Incas, en el valle de Moche ahora está ocupado en parte por la ciudad de Trujillo, dos culturas nacieron, florecieron y cayeron, pero no se extinguieron.

A las afueras de la ciudad, al poco tiempo de viaje, se pueden visitar unas cápsulas del tiempo llamadas huacas: lugares sagrados que servían como centros administrativos o religiosos para estos grupos.

Es así como nos adentramos en la historia ancestral del valle de Moche de la mano de sus prósperas culturas.

Huacas del Sol y de la Luna: los Mochica

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Primero visitamos el Museo Arqueológico dónde superé, de una vez por todas, el hecho de que Perú también es desértico. En seguida nos dirigimos a las huacas del Sol y de la Luna, herencia de la cultura Moche.

>Comienzo de un relato corto de historia<. Los Moche se desarrollaron entre los siglos I y V d.C, extendiéndose por gran parte de la costa norte peruana y teniendo su centro de poder en el valle del río Moche.

Famosos por sus obras de ingeniería y arquitectura, destacan los canales de riego que construyeron en medio del desierto y que posibilitaron, entre otras cosas, el desarrollo del Trujillo actual. >Fin del relato corto de historia<.

Las huacas del Sol y de la Luna, entonces, no podían ser menos espectaculares. Teniendo en cuenta que son años de inclemencia climática y saqueos los que han pasado, se siguen presentando cómo orgullosas herederas de toda una cultura, con todo y sus secretos.

Próxima parada: Chan Chan.


Lee la segunda parte de este relato: Trujillo: Huacas de día, pasajes de noche | Parte 2.


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Autora del blog de viajes Relatos del Movimiento. Apasionada por las batucadas, la comida y las buenas historias. Sígueme en mi instagram @tatiana.foru

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